Empieza a doler justo cuando cruzas esa
pequeña y delicada barrera que hay entre "gustar" y
"querer".
Porque gustar te pueden gustar muchos,
pero querer solo se quiere a uno.
Maldigo y amo al mismo tiempo el día
en que empecé a hablar contigo. Es una de las cosas más bonitas que
me han pasado, y al mismo tiempo, ahora que duele, de lo peor que
podía haberme ocurrido.
Es todo tan contradictorio que atonta.
Me doy cuenta de que no empiezas a
querer cuando lo dices, no. Empiezas a querer cuando niegas que te
gusta. Cuando dices que no piensas en él constantemente. Cuando
dices que no haces las cosas, exclusivamente, por y para él. Cuando
dices que pasas de él. Cuando dices que te da igual que esté con
otra.
Ahí, cuando empiezas a mentirte a ti
misma, es cuando más empiezas a quererlo. Y coges tanta carrerilla,
que luego es imposible parar, por muchas manos que intenten ayudarte.
Y ya no solo mintiéndote a ti, si no a
todos los demás cuando les dices lo que, a ti misma, intentas
negarte.
Y llega un día en el que estás tan
harta de que los demás no sepan que le quieres, aunque no te des
cuenta de que lo que los demás creen es en lo que tú misma te has
empeñado en que crean, que explotas.
Explotas de tal forma que, de golpe,
quieres que todos, incluído él, sepan que le quieres. Que darías
todo por estar junto a él, por besarle, acariciarle, sentirle cerca
de ti.
Porque, al contrario de lo que
pensamos, negando lo evidente, solo hacemos que sea más fuerte.
Y ese día para mía ha llegado.
Estoy cansada de negarlo. Me gus.....
Te quiero.
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