Te levantas a la hora de siempre, te vistes, almuerzas, te lavas los dientes y sales a comerte el mundo.
Bueno, más que el mundo, a alguno que otro profesor en el instituto..
Llegas al instituto:
- Tres horas de clase.
- Recreo.
- Tres horas de clase.
- ¡¡¡RIIIING!!!
¡Por fin es la hora!
Sales hablando con tus amigos; planeáis qué vais a hacer el fin de semana, os despedís y te vas a casa.
Sí, parece un día de lo más normal... pero no.
hay un pequeño detalle que, aunque parezca que haya pasado desapercibido, por suerte o por desgracia va a ser para ti más importante de lo que piensas.
"A la salida, había un chico muy mono en la valla. Has salido hablando con los amigos, riendo.. . En un momento os habéis mirado. ¡Incluso sonreído!"
Sin darte cuenta, los próximos días, a la salida, buscarás unos ojos.. ¡Sus ojos!
Así, día tras día, hasta que por fin, lo vuelves a ver.
Os miráis, como la primera vez, pero sin embargo, te das cuenta de que esta vez le estás prestando muchísima más atención.
Al contrario que el primer día (cuando "ni si quiera" habías notado su presencia), hoy te quedas con: El color de su camiseta; esos baqueros claros que le quedan tan bien; el pendiente en la oreja, el color de sus ojos, su corte de pelo.. ¡hasta con esa mueca tan mona que le sale al sonreír!.
Y ya está. No hay vuelta atrás. Estás COMPLETAMENTE ENAMORADA.
Sin querer, ahí esta.
Ahí está el chico en el cual no vas a poder dejar de pensar por muchísimo tiempo.
Lo gracioso es que no llevas enamorada desde "ahora", si no que llevas enamorada de él desde el primer segundo en el que tus ojos y los suyos se cruzaron.
No te deja elegir si lo quieres o no.
Es como un regalo sin ticket de devolución.
Por que no sabes ni su nombre, cuando ya están esos bichitos a los que los enamorados llaman mariposas, haciendo de las suyas en tu tripa.

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