Es ahora cuando, realmente, sé que lo que alguna vez sentí por él fue real.
Es ahora cuando entiendo, que en verdad, nunca lo dejé de amar.
Nunca. Nunca me dejó de gustar.
Porque sí, toqué fondo. Me hice fuerte de repente y creí que había dejado de importarme.
Pero hoy descubro que no, que un simple gesto suyo vuelve a dejarme callada, sin palabras. Que no puedo evitar sonreír cuando me mira, ni temblar cuando me habla.
Que cuando me toca vuelvo a volar, y por un segundo dejo de existir, porque muero.
Pero, tal y como antes, vuelve a actuar mi coraza.
Mi cabeza dice: "Afloja, no vas bien."
Sin embargo el corazón... ese me dice que adelante, que aquello con lo que no puede un día, hoy vuelve para hacerme saber que, con el tiempo, todo llega; que la esperanza no es un mueble, si no una semilla, que tarde en brotar, pero cuando lo hace, lo hace de verdad.
Y aquí estoy debatiendo, con Cabeza y Corazón, si aquello que perdimos, vuelve, es una simple casualidad o el fruto de la esperanza que nunca perdí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario